sistema métrico decimal


Ella camina hacia él.

Dieciséis metros los separan. Ella puede observarlo con nitidez, ver como muerde los labios, como cierra los ojos, como se queda sin aliento, como respira acelerado.




Ocho metros, algunos pasos bastan para poder abrazarlo, para tranquilizarlo, para hacerlo sonreír, para hacerlo olvidar, para escupir aquello que contamina, para empezar a imaginar unos besos en la espalda con gusto a uva (tal vez).



Cuatro metros, y sus voces parecen mezclarse en un susurro. El viento calma al tiempo, un lapso que se olvida entre tanto espacio caminado. El silencio sigiloso espera el momento en que una mano roce a la otra. Todo es una espera, una pausa, un momento de inflexión, un instante, una intriga.


Dos metros. Parece que se sienten, los pies se susurran, el dedo gordo algo le dice al meñique. La impaciencia retumba con constancia. Lo irreal se transforma en algo concreto.

Un metro. En la necesidad de un “todo”, en la necesidad de paliar esa intriga irreal y real. En la necesidad de probar aquello ajeno. En el afán de no poder contenerse. En la crueldad de la duda…él (si, él), sucumbe dando un paso hacia adelante.


Es un error.


Ella siente como el furor de los gritos de su mente la martirizan, el temor la apodera. Se intimida por ese paso, por ese insignificante paso dado por él. Ella se aleja, recula porque sufre y recuerda. Las imágenes le parten la cabeza, vuelve aquello anterior, aparentemente olvidado, eso otro, aquel. Ahora duda de sus pensamientos, se marea, pierde la línea. Pierde ese maldito equilibrio existencial. Ella se aleja despacito soltando alguna lágrima, para luego girar, darse vuelta y correr.

El se queda quieto y la observa alejarse.


No la sigue,

es un adiós,

una liberación.




foto: manu

the perfect circle


El punto es punto, algo diminuto y primitivo. Imagina entonces organizarse, unir voluntades y conformar una magnánima recta, millones de rectas, muchas paralelas, otras no tanto. A lo lejos, algunas rectas se irán cruzando y millones de años más tarde se formará un triángulo, los puntos quedarán atónitos. Las figuras geométricas marcarán un antes y un después, se vivirá una época dorada, se formarán cuadrados, pentágonos, hexágonos, octágonos, luego, claro, empezarán las variantes como rectángulos, rombos, trapecios, paralelogramos. Los puntos sentirán el éxtasis de las formas, se intentará exprimir los límites de la evolución, se buscará alcanzar aquello nunca visto.

Un punto australiano planteará que uniendo las voluntades de quince millones cuatrocientos treinta mil setecientos treinta y cuatro puntos se podría formar lo que él llamó “the perfect circle”. Dicha teoría generará una lucha sin precedentes en el mundo de los puntos, dos facciones se dividirán: oriente y occidente. La lucha por ser los primeros en lograr ese afamado círculo provocará guerras macabras y la pérdida de un ideal de evolución. La “involución”, como la llamará un punto filosófico con forma de huevo, catapultará y enceguecerá lo constructivo, y denotará ese afán compulsivo, soberbio y sin escrúpulos tantas veces maquillado con octágonos y cuadrados adornados con rombos amarillos.

El círculo perfecto cambiará de perspectiva cuando desde Luxemburgo se construya el primer hexaedro regular (coloquialmente llamado “cubo”), dicho suceso inhóspito generará el comienzo de la tridimensión o de la llamada “época moderna”, provocando la frenética búsqueda de llegar a la luna, de tocar ese ente redondo tantas veces añorado desde un plano.

Pero todo cambiará. La evolución, que luego involucionará (como hemos visto), generando las tradicionales tragedias, exterminios, golpes de estado, torturas cobardes, para luego, si, décadas después, intentar construir un ideal de cambio. Comenzará (entonces) una nueva era, la que llamaremos “el romanticismo”, con una forma de sentir la vida de otra manera, la libertad, el individualismo, la naturaleza. Surgirá ese afán de preguntarse ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?, todo parecerá pequeño, sin sentido, fulminante razonamiento que catapultará aquellos ideales circulares y paralelepípedos, generando un desbalanceo que desarmará al mundo, se suscitarán choques culturales, se marcarán diferencias, se perderá la unión, la ingenuidad, delirio, implosión. Demasiada información para tan poco punto.



Se esfumará aquel primer sueño,

comenzará la deformidad,

y el inevitable punto final.


dibujo: manu (je)